martes, 31 de diciembre de 2013

La chica de los bichos.

Estaba convencida de que jamás encajaría en este lugar, con esta gente...con la gente, en general. Sabía que le esperaría un duro futuro de forzarse a sí misma a fingir que le importan temas triviales y realizar cosas que le eran totalmente indiferentes, para así poder sobrevivir. Tenía la pequeña esperanza de poder retirarse de forma huraña fuera de la ciudad al ser mayor, o respaldarse en alguna enfermedad mental para aislarse y que la dejasen en paz.
¿Qué sentido tenía aquella vida? Sabía que vivir era una gran aventura y gran regalo. Ella sabía cual era el sentido de su vida, pero no el de ese estilo de vida. Su entorno se basaba en el egoísmo, la superficialidad, el dinero y la ignorancia, ¿Qué sentido tenía una vida tan superflua? 
El cansancio y los golpes producidos por ese estilo de vida le hizieron rendirse ante él, como una descerebrada. Reía por compromiso, apenas hablaba más allá de lo socialmente aceptado, se dejaba llevar por cualquier chico que le diese un mínimo de calor y su autoestima... su autoestima era prácticamente inexistente.

A veces, sólo a veces, volvía un resplandor de lo que era, un poco de color entre tanto gris. En esos momentos se volvía loca, cálida, divertida, creativa, soñadra...  En esos leves instantes era feliz. 

Pero la gente, la dichosa gente, la volvía a oscurecer. No entendían sus colores, sus soledades, sus silencios, sus pasiones. 

Ella era la chica de los bichos. Le apasionaba la vida, la magnifica obra de arte que es cada ser vivo y también lo inerte. La naturaleza le fascinaba en su totalidad, cada piedra, árbol, insecto y animal. ¿Porqué nadie la entendía? ¿Porqué la gente se fascinaba con móviles, televisores y objetos sin alma y se empeñan en destruir todo lo natural y diferente a ellos? ¿Porqué no se fascinaban ante la resistencia de una cucaracha, la organización de las hormigas, la lealtad de las abejas y el resurgir de una mariposa? ¿Porqué podían pasar horas hablando de temas triviales y no eran capaces de mantenerse en silencio observando el ir y venir de cualquier ser vivo? ¿Porqué no eran capaces de observar sin sentirse superiores, sin destruir, sin actuar?

Su gran problema era que odiaba y amaba a los humanos a partes iguales. Los odiaba de forma general, pero individualmente era incapaz de ver sufrir a alguien y no prestar su ayuda. Deseaba fuertemente, tanto la extinción de la humanidad, como su total protección. Y esto la llevaba de cabeza, temía terminar desarrollando una doble personalidad, como el Dr Jekill y Mr Hyde.


Temía tanto que terminó no temiendo a nada. 


Aceptó que su pelo no era de plástico y permitió que los pájaros anidasen en él. 

Se retiró. Le cedió un trocito de su casa a las cucarachas, le dió de comer a las moscas, acogió a perros vagabundos, se dejó picar por mosquitos y se alejo lo máximo posible de la humanidad. Porque era su vida e hizo con ella lo que le salió de los huevos. 


Fin. 

martes, 16 de abril de 2013

Monotonía

  Andaba tan agotada que agradeció el inquietante silencio de la calle. Una calle medianamente concurrida, recién caída la noche. 
Las farolas comenzaban a encenderse y las tiendas a apagarse. Tan sólo se escuchaba el clap-clap de los pasos de quienes pasaban cerca, el motor de un coche que circulaba lentamente y el ladrido de un perro a lo lejos. Había cierta tensión que le acomodaba, podría pasarse horas allí -pensó- podría sentarse en la acera y fumar. Disfrutar de aquella sensación de vacío con cada calada. Por primera vez en días sentía la libertad de la soledad, pero sabía que en cuanto se relajase alguien le prestaría atención, le pedirían fuego, tal vez el cómo llegar a algún lugar que seguramente desconocía, o el piropo de algún borracho. 
Así que continuó caminando, caminó hacia un destino rutinario. Hacia su cómoda jaula social. Una jaula que tiene algo peor que barrotes, el conformismo. Un conformismo que toma como forma de vida todo aquello que reprime los instintos básicos. Deseó escapar.
Deseó perderse en el camino, pero todo continuó igual que siempre.

martes, 26 de marzo de 2013

...

Lo sabes cuando todo se une en un pequeño instante.
Se embruscan tus latidos, las pupilas se dilatan, te envuelve una cálida sensación que te calma y excita a partes iguales. Sientes que ahí es donde siempre deberías estar, como encontrar el encaje en tu puzzle. Pero no es un lugar, ni es una cosa que puedas acaparar como tuya, no puedes proteger tu propiedad, porque no es tuyo. Es una persona, individual, libre. Una persona capaz de jugar con tus pequeños instantes a su antojo, y tu no puedes controlarlo.
Es horrible cuando juega. Al amanecer, al fin, consigues tu pequeño instante, cálido y acogedor .. pero al despedirte no es más que frialdad. Y te sientes tan imbécil.. tan frágil, tan desubicada, que decides no volver a caer, ser fuerte y vivir sin depender de nadie. Ahh.. pobre ingenua, él sabe jugar bien, es bueno, y te tendrá cuando quiera y donde quiera, te regalará pequeños instantes y te volverá a caotizar.
Tal vez la brevedad de los instantes y su costosidad es lo que los hace tan intensos y adictivos. Te hacen creer que merece la pena penar por ellos.
A veces consigues desengancharte. Cuando pasan unas semanas, consigues olvidar su sensación y vives con normalidad, crees que estas bien así, incluso juzgas sus juegos. Pero vuelve y por alguna razón caes, y cuando vuelves a conseguir el pequeño instante BUM, vuelve intensificado.

Y lo sabes, sabes que volverá a doler, que no puedes seguir así, que es tan destructivo que no te dejará crecer. Y aun así, caes.

lunes, 4 de marzo de 2013

Zapatitos de papel.

Ando con zapatitos de papel en días de lluvia, fingiendo que tengo secos los pies y que el frío no se cala hasta lo más profundo de los huesos. Camino sin un rumbo fijo, temiendo resguardarme bajo un techo por miedo a que se derrumbe. Así que continúo empapándome... y apareces. Apareces con un agujereado paraguas y los pies descalzos, y me besas. Sólo disponemos de los besos para darnos un poco de calidez... besos agónicos llenos de soledades, miedos y añoranzas... Nos agarramos de los labios para no dejarnos caer. Si uno falla ambos caeremos... demasiada responsabilidad para mentes tan desgarradas. Bésame bajo esta lluvia y esperemos a que acabe la tormenta, tal vez el sol sienta envidia de nuestra calidez.