martes, 26 de marzo de 2013

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Lo sabes cuando todo se une en un pequeño instante.
Se embruscan tus latidos, las pupilas se dilatan, te envuelve una cálida sensación que te calma y excita a partes iguales. Sientes que ahí es donde siempre deberías estar, como encontrar el encaje en tu puzzle. Pero no es un lugar, ni es una cosa que puedas acaparar como tuya, no puedes proteger tu propiedad, porque no es tuyo. Es una persona, individual, libre. Una persona capaz de jugar con tus pequeños instantes a su antojo, y tu no puedes controlarlo.
Es horrible cuando juega. Al amanecer, al fin, consigues tu pequeño instante, cálido y acogedor .. pero al despedirte no es más que frialdad. Y te sientes tan imbécil.. tan frágil, tan desubicada, que decides no volver a caer, ser fuerte y vivir sin depender de nadie. Ahh.. pobre ingenua, él sabe jugar bien, es bueno, y te tendrá cuando quiera y donde quiera, te regalará pequeños instantes y te volverá a caotizar.
Tal vez la brevedad de los instantes y su costosidad es lo que los hace tan intensos y adictivos. Te hacen creer que merece la pena penar por ellos.
A veces consigues desengancharte. Cuando pasan unas semanas, consigues olvidar su sensación y vives con normalidad, crees que estas bien así, incluso juzgas sus juegos. Pero vuelve y por alguna razón caes, y cuando vuelves a conseguir el pequeño instante BUM, vuelve intensificado.

Y lo sabes, sabes que volverá a doler, que no puedes seguir así, que es tan destructivo que no te dejará crecer. Y aun así, caes.

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