martes, 16 de abril de 2013

Monotonía

  Andaba tan agotada que agradeció el inquietante silencio de la calle. Una calle medianamente concurrida, recién caída la noche. 
Las farolas comenzaban a encenderse y las tiendas a apagarse. Tan sólo se escuchaba el clap-clap de los pasos de quienes pasaban cerca, el motor de un coche que circulaba lentamente y el ladrido de un perro a lo lejos. Había cierta tensión que le acomodaba, podría pasarse horas allí -pensó- podría sentarse en la acera y fumar. Disfrutar de aquella sensación de vacío con cada calada. Por primera vez en días sentía la libertad de la soledad, pero sabía que en cuanto se relajase alguien le prestaría atención, le pedirían fuego, tal vez el cómo llegar a algún lugar que seguramente desconocía, o el piropo de algún borracho. 
Así que continuó caminando, caminó hacia un destino rutinario. Hacia su cómoda jaula social. Una jaula que tiene algo peor que barrotes, el conformismo. Un conformismo que toma como forma de vida todo aquello que reprime los instintos básicos. Deseó escapar.
Deseó perderse en el camino, pero todo continuó igual que siempre.

martes, 26 de marzo de 2013

...

Lo sabes cuando todo se une en un pequeño instante.
Se embruscan tus latidos, las pupilas se dilatan, te envuelve una cálida sensación que te calma y excita a partes iguales. Sientes que ahí es donde siempre deberías estar, como encontrar el encaje en tu puzzle. Pero no es un lugar, ni es una cosa que puedas acaparar como tuya, no puedes proteger tu propiedad, porque no es tuyo. Es una persona, individual, libre. Una persona capaz de jugar con tus pequeños instantes a su antojo, y tu no puedes controlarlo.
Es horrible cuando juega. Al amanecer, al fin, consigues tu pequeño instante, cálido y acogedor .. pero al despedirte no es más que frialdad. Y te sientes tan imbécil.. tan frágil, tan desubicada, que decides no volver a caer, ser fuerte y vivir sin depender de nadie. Ahh.. pobre ingenua, él sabe jugar bien, es bueno, y te tendrá cuando quiera y donde quiera, te regalará pequeños instantes y te volverá a caotizar.
Tal vez la brevedad de los instantes y su costosidad es lo que los hace tan intensos y adictivos. Te hacen creer que merece la pena penar por ellos.
A veces consigues desengancharte. Cuando pasan unas semanas, consigues olvidar su sensación y vives con normalidad, crees que estas bien así, incluso juzgas sus juegos. Pero vuelve y por alguna razón caes, y cuando vuelves a conseguir el pequeño instante BUM, vuelve intensificado.

Y lo sabes, sabes que volverá a doler, que no puedes seguir así, que es tan destructivo que no te dejará crecer. Y aun así, caes.

lunes, 4 de marzo de 2013

Zapatitos de papel.

Ando con zapatitos de papel en días de lluvia, fingiendo que tengo secos los pies y que el frío no se cala hasta lo más profundo de los huesos. Camino sin un rumbo fijo, temiendo resguardarme bajo un techo por miedo a que se derrumbe. Así que continúo empapándome... y apareces. Apareces con un agujereado paraguas y los pies descalzos, y me besas. Sólo disponemos de los besos para darnos un poco de calidez... besos agónicos llenos de soledades, miedos y añoranzas... Nos agarramos de los labios para no dejarnos caer. Si uno falla ambos caeremos... demasiada responsabilidad para mentes tan desgarradas. Bésame bajo esta lluvia y esperemos a que acabe la tormenta, tal vez el sol sienta envidia de nuestra calidez.